Artículo de opinión || Uno aprende rápido que los números en política no son fríos, a veces queman. Los últimos reportes de la ONPE, con más del 95.8% de las actas escrutadas, nos colocan otra vez ante un empate técnico. Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) lidera el conteo con un 50.06%, apenas unos 26,000 votos por encima de Keiko Fujimori (Fuerza Popular), quien registra un 49.93%.
Este escenario calcado de elecciones anteriores no es una simple anécdota estadística. Es el reflejo de una fractura social profunda que los medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, describen hoy como una “elección milimétrica”.
Un mapa dividido entre la costa y el interior
El análisis de los resultados deja en evidencia una geografía política rígidamente partida. Mientras los sondeos a boca de urna de firmas como Datum e Ipsos le daban inicialmente la ventaja a Fujimori gracias a su sólido arrastre en Lima y el norte costero, el panorama cambió drásticamente con el conteo rápido y el avance de las actas oficiales de la ONPE.
Tal como detallan las crónicas de medios como El País y El Peruano, el peso del voto rural, de la selva y el sur andino donde Sánchez concentró su campaña con mítines masivos como el de Arequipa terminó por equilibrar la balanza y poner adelante al candidato de izquierda.
Personeros al frente y la urgencia de tender puentes
Con más de 1,500 actas observadas que ahora pasan a manos de los jurados electorales especiales, la contienda entra en una fase de desgaste técnico. Keiko Fujimori ya anunció que sus personeros legales saldrán a “pelear acta por acta”, aunque esta vez con un discurso más cauto. Invocando a la serenidad y reconociendo abiertamente la “división” que atraviesa la nación.
Por su parte, el jefe de la ONPE, Bernardo Pachas, ha sido enfático en descartar cualquier sospecha de fraude, asegurando la transparencia del proceso y pidiendo calma hasta llegar al 100% del cómputo. En este clima, la madurez de las agrupaciones políticas se medirá en su capacidad para respetar la institucionalidad electoral, sin azuzar la polarización en las calles.
El reto del día después
Gane quien gane por esa pelea “voto a voto”, el próximo presidente asumirá un mandato con un país fragmentado y sin mayorías claras en el Congreso. La verdadera lección de este proceso electoral no está en ver quién celebra primero, sino en entender que gobernar ignorando a la otra mitad del Perú es una fórmula directa hacia el colapso político.
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