Rebelión de Túpac Amaru II

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José Gabriel Condorcanqui adoptó el nombre de Túpac Amaru II y lideró la revolución indígena más poderosa de la época colonial para protestar contra el abuso de los indígenas. Los efectos de este levantamiento nos afectan hasta nuestros días.

Buscaba reprimir la represión y establecer una corte real en Cusco para una justicia expedita, porque la gobernación solo la tenía la Real Audiencia de Lima. Más tarde, esperaba liberarse del yugo de España y se unió a estas propuestas. En otras palabras, su rebelión, originalmente reformista, viró a separatista. Para algunos analistas, es el iniciador de la lucha por la liberación política en el Perú. La rebelión estalló en la localidad de Tinta (50 leguas al sur del Cusco) el 4 de noviembre de 1780 y movilizó a toda la gobernación del sur del Perú, hasta la región de Chacas. También tuvo impacto en otros dominios españoles en América del Sur.

Es importante señalar que sus efectos se han dado en múltiples aspectos de nuestra nación y fuertemente en la literatura por eso compartimos con ustedes uno de los más emblemáticos poemas en homenaje a Túpac Amaru II.

Canto Coral a Túpac Amaru de Alejandro Romualdo es un poema que muchos hemos declamado en nuestra infancia, un poema cargado de emoción y fuerza que ha marcado la niñez de muchos es compartido con ustedes ahora en este 4 de noviembre.

CANTO CORAL A TÚPAC AMARU 
QUE ES LA LIBERTAD



Lo harán volar con dinamita. 

En masa, lo cargarán, lo arrastrarán.

  A golpes le llenarán de pólvora la boca

Lo volarán:

…Y no podrán matarlo!


Lo pondrán de cabeza. 

Arrancarán sus deseos, sus dientes y sus gritos,

Lo patearán a toda furia.

  Luego lo sangrarán:

…Y no podrán matarlo!

Coronarán con sangre su cabeza;

sus pómulos, con golpes. 

Y con clavos sus costillas.

 Le harán morder el polvo,

Lo golpearán:

…Y no podrán matarlo!


Le sacarán los sueños y los ojos,

Querrán descuartizarlo grito a grito.

Lo escupirán. 

Y a golpes de matanza lo clavarán:

…Y no podrán matarlo!

 Lo podrán en el centro de la plaza,

boca arriba, mirando al infinito.

Le amarrarán los miembros. 

A la mala tirarán:

…Y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.

Querrán romperlo y no podrán romperlo.

Querrán matarlo y no podrán matarlo.


Querrán descuartizarlo, triturarlo,

mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.

Querrán volarlo y no podrán volarlo.

Querrán romperlo y no podrán romperlo.

Querrán matarlo y no podrán matarlo.


Al tercer día de los sufrimientos,

cuando se crea todo consumado,

gritando ¡Libertad!

sobre la tierra ha de volver.

¡Y no podrán matarlo!

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