Las vicuñas han sido históricamente un símbolo de la puna andina. Su fibra, una de las más finas del mundo, no solo representa un recurso económico valioso, sino también un ejemplo de conservación logrado gracias al conocimiento ancestral y a políticas públicas. Sin embargo, en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca (Arequipa), esta especie enfrenta amenazas crecientes como los atropellos, caza furtiva, contaminación y otros factores que ponen en riesgo tanto a los animales como a las estrategias comunitarias de manejo.
El panorama preocupa porque no solo está en juego la continuidad de un recurso natural, sino también el compromiso ciudadano para preservar una de las especies más emblemáticas de los Andes.
Situación local en Salinas y Aguada Blanca
La Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca alberga una de las poblaciones de vicuñas más importantes del sur del país y es uno de los espacios más relevantes para su conservación. Pese a los esfuerzos de recuperación y a actividades tradicionales como el Chaccu, en los últimos años se han registrado incidentes alarmantes, como atropellos masivos en carreteras, acumulación de basura en zonas de descanso, bebedero y casos de caza furtiva en áreas cercanas.
Solo en lo que va del 2025, al menos 28 vicuñas murieron atropelladas en distintos tramos de la reserva, especialmente en la carretera Interoceánica Sur y en la vía Viscachani–Chivay, según informó el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp). La mayoría de estos accidentes se debe al exceso de velocidad y a la falta de señalización adecuada en las vías que atraviesan el área protegida.
“El límite máximo de velocidad dentro de la reserva es de 55 kilómetros por hora, pero muchos conductores no lo respetan”, señaló John Machaca Centty, administrador de la reserva. Por ello, el Sernanp solicitó al Ministerio de Transportes la instalación de reductores de velocidad, pasos de fauna y señalización preventiva, además de actualizar el Estudio de Impacto Ambiental de la vía.
Más allá de la pérdida inmediata, los atropellos afectan la estructura social de las manadas y complican las labores de monitoreo que realizan las autoridades ambientales.
Caza furtiva y tráfico de pieles
Aunque la población de vicuñas muestra una recuperación sostenida, la caza furtiva continúa siendo una amenaza. En octubre de 2025, durante un patrullaje conjunto entre Serfor, la Policía Nacional y la Subprefectura de Lari, se intervino a una persona en el sector La Llamosta, anexo Ran Ran, distrito de Tuti (Caylloma).
La intervenida tenía cinco pieles de vicuña con huellas de sangrado reciente y orificios de bala, evidencia de una caza reciente. Serfor inició un proceso administrativo sancionador y recordó que la caza, transporte o comercialización de vicuñas o sus derivados constituye una infracción muy grave, sancionada con multas y penas de cárcel.
Pese a estos esfuerzos, las autoridades reconocen que controlar zonas tan extensas sigue siendo un reto. El alto valor de la fibra, una de las más cotizadas del mundo, continúa incentivando la caza ilegal en áreas donde la vigilancia es limitada.
Cinco toneladas de basura en plena reserva
Otro problema visible dentro de la reserva es la acumulación de residuos. En los últimos meses, se recolectaron más de cinco toneladas de basura entre llantas, bolsas plásticas, pañales y botellas a lo largo de la carretera Arequipa–Puno, según la agencia Andina.
Esta contaminación afecta pastizales, cuerpos de agua y los espacios donde las vicuñas se alimentan y descansan. En declaraciones al diario El Pueblo en abril de 2025, Joel Villavicencio, decano del Colegio Médico Veterinario de Arequipa, advirtió que la basura impacta no solo los pastos, sino también las fuentes de agua, poniendo en riesgo la salud de las vicuñas y de otras especies altoandinas. La falta de control territorial y la escasa continuidad de campañas ambientales reflejan una problemática que va más allá de la basura, una creciente indiferencia ciudadana frente a los espacios naturales.
Más amenazas en la reserva como carreteras, turismo y cambio climático
La construcción de carreteras como la Interoceánica Sur ha fragmentado el hábitat de las vicuñas, interrumpiendo sus rutas entre pastizales, bofedales y fuentes de agua.
El turismo vivencial, si no se maneja de forma sostenible, también puede convertirse en un riesgo, el incremento de visitantes, actividades recreativas sin control y el uso inadecuado de los espacios naturales alteran la tranquilidad de las manadas y degradan ecosistemas sensibles.
A ello se suma el impacto del cambio climático. El Senamhi advierte que Arequipa enfrenta periodos prolongados de sequía y una reducción constante de glaciares como el Chachani y el Ampato. Esta pérdida de fuentes hídricas reduce la disponibilidad de agua en los bofedales y afecta la regeneración de los pastos que sirven de alimento a las vicuñas.
Una especie recuperada que vuelve a estar en riesgo
Según el administrador de la reserva, en los años 80 había cerca de 2,800 ejemplares, y para 2025 esa cifra habría llegado a 39,000, lo que implicaría una tasa de crecimiento estimada de entre 13 % y 14 % anual. Pero los especialistas advierten que este avance podría revertirse si no se fortalecen los controles, la educación ambiental y la gestión del turismo.
Las vicuñas de Salinas y Aguada Blanca están en una encrucijada. Los logros de conservación son indiscutibles, pero las nuevas presiones como son los atropellos, la contaminación, caza furtiva y cambio climático, exigen respuestas urgentes y coordinadas.
Protegerlas no depende solo de sanciones o patrullajes. Requiere mejorar la señalización en las vías, reforzar la vigilancia, manejar adecuadamente los residuos y fortalecer el aprovechamiento sostenible a través del Chaccu. El futuro de esta especie, símbolo de los Andes, dependerá de la capacidad de autoridades, comunidades y ciudadanos para mantener el equilibrio entre desarrollo y conservación en uno de los ecosistemas más frágiles del país.


