Reportaje || Hace algunas décadas era común encontrar hogares con cinco o seis hijos. Hoy esa imagen es cada vez menos frecuente. En muchas familias peruanas, tener uno o dos hijos se ha convertido en la decisión más habitual y, en algunos casos, incluso se opta por no tener descendencia.
Esta transformación no responde a una sola causa. Detrás de ella hay cambios sociales, económicos, educativos y culturales que han modificado la forma en que las personas planifican su futuro.
Los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), confirman esa tendencia. Según el jefe del INEI, Gaspar Morán Flores, la fecundidad continúa descendiendo en el país. Mientras en 2024 las mujeres tenían en promedio 1,3 hijos, en la medición más reciente la cifra bajó a 1,2. Aunque la variación parece pequeña, forma parte de un proceso sostenido que comenzó hace varias décadas.
Del hogar numeroso a la planificación familiar
El cambio resulta más evidente cuando se observa la evolución histórica. Durante la década de 1960, las mujeres peruanas tenían en promedio seis hijos. Hoy esa realidad pertenece al pasado.
Especialistas en demografía explican que la reducción de la fecundidad es un fenómeno observado en gran parte de América Latina y está relacionado con el desarrollo económico, el acceso a la educación y la urbanización.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha señalado que la región atraviesa una transición demográfica caracterizada por una reducción sostenida de la natalidad y un progresivo envejecimiento de la población. El Perú forma parte de ese proceso.
Educación y trabajo cambian los proyectos de vida
Para el INEI, dos factores ayudan a explicar esta transformación. El primero es el mayor acceso de las mujeres a la educación. Permanecer más años en la escuela y acceder a estudios superiores suele retrasar la edad en la que muchas personas deciden formar una familia.
El segundo factor es la creciente participación femenina en el mercado laboral. Actualmente, más mujeres desarrollan una carrera profesional, emprenden un negocio o buscan estabilidad económica antes de asumir la maternidad.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) coinciden en que el acceso a la educación, la autonomía económica y los servicios de salud sexual y reproductiva permiten que las mujeres puedan decidir de manera libre e informada cuándo y cuántos hijos desean tener.
Una decisión influenciada por la economía
El costo de criar a un hijo también forma parte de la decisión.
Vivienda, alimentación, educación, salud y transporte representan gastos cada vez mayores para las familias. Diversos especialistas sostienen que la incertidumbre económica lleva a muchas parejas a postergar la maternidad o reducir el número de hijos que planeaban tener.
A ello se suma el cambio en las prioridades de las nuevas generaciones. Para muchas personas, terminar una carrera, conseguir empleo estable o comprar una vivienda se ha convertido en una meta previa a formar una familia.
El reto de un país que envejece
La disminución de la fecundidad también plantea nuevos desafíos para el Estado.
Una menor cantidad de nacimientos implica que, en las próximas décadas, aumentará la proporción de personas adultas mayores respecto de la población joven. Este proceso tendrá efectos en el mercado laboral, los sistemas de salud, las pensiones y la demanda de servicios públicos.
Por ello, organismos internacionales como la CEPAL insisten en que los gobiernos deben prepararse para enfrentar el envejecimiento poblacional mediante políticas que garanticen protección social y atención adecuada para una población cada vez mayor.
La importancia de medir los cambios
Para comprender esta transformación, el INEI desarrolla cada año la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES). En la actual edición, el personal de la institución visitará aproximadamente 1 300 viviendas en la región, de las cuales cerca de 1 120 corresponden a zonas urbanas y el resto a sectores rurales.
La encuesta recopila información sobre fecundidad, salud reproductiva, mortalidad infantil, planificación familiar y condiciones generales de salud. Sus resultados sirven como base para el diseño de políticas públicas orientadas a mejorar la calidad de vida de la población.


