22 de julio de 2026

Marcha del Orgullo en Arequipa: una movilización que busca visibilidad en una ciudad que aún debate la diversidad

Después de casi diez años sin recibir un partido oficial de primera división, el Estadio Mariano Melgar volvió a convertirse en escenario del fútbol profesional. Su reapertura marca el regreso de uno de los recintos más emblemáticos de Arequipa, aunque también abre el debate sobre las condiciones en las que vuelve a la competencia.

El sonido de los tambores anunció el inicio de la jornada. Minutos después, una columna de banderas comenzó a recorrer la avenida La Paz con dirección al Centro Histórico de Arequipa. Los colores rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta acompañaban a cientos de participantes que caminaban entre música, bailes y mensajes de respeto.

La concentración empezó alrededor de las dos de la tarde del 27 de junio en el parque Mayta Cápac. Conforme pasaban los minutos llegaron parejas, familias, integrantes de colectivos LGBTIQ+, organizaciones sociales y ciudadanos que participaban por primera vez. Algunos terminaban de pintar carteles; otros acomodaban las banderas sobre sus hombros mientras esperaban el inicio del recorrido.

Los carros alegóricos y las agrupaciones de danzas del altiplano dieron un matiz festivo a la movilización, que culminó cerca de las ocho de la noche en la plaza San Francisco con presentaciones artísticas y mensajes de los organizadores.

Una marcha que cumple dieciocho ediciones

La Marcha del Orgullo en Arequipa se ha convertido en una actividad anual impulsada por organizaciones de la sociedad civil y colectivos LGBTIQ+. Con el paso de los años, la convocatoria ha crecido y ha incorporado la participación de familias, estudiantes, instituciones y ciudadanos que respaldan la defensa de los derechos humanos.

Según los organizadores, el objetivo de la movilización es promover el respeto por la diversidad sexual y de género, además de visibilizar las situaciones de discriminación que todavía enfrentan muchas personas en distintos espacios de la vida cotidiana.

Durante el recorrido pudieron verse carteles con mensajes contra la violencia, la discriminación y los discursos de odio, así como consignas a favor de la igualdad de derechos y el reconocimiento de la diversidad.

¿Qué dice la realidad?

Aunque en los últimos años ha aumentado la visibilidad de la población LGBTIQ+ en el Perú, diversas organizaciones sostienen que aún existen importantes desafíos.

La Defensoría del Pueblo ha señalado en distintos informes que las personas LGBTIQ+ continúan enfrentando actos de discriminación en espacios educativos, laborales, de salud y servicios públicos. Asimismo, ha recomendado fortalecer las políticas públicas para prevenir la violencia motivada por orientación sexual o identidad de género.

En la misma línea, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha advertido que los Estados deben adoptar medidas para garantizar la igualdad y combatir los discursos de discriminación hacia esta población.

Arequipa: una ciudad entre la tradición y el cambio

Arequipa suele ser considerada una de las ciudades más tradicionales del país. Esa característica también se refleja en el debate sobre los derechos de las personas LGBTIQ+.

Mientras algunos sectores respaldan este tipo de movilizaciones como una expresión del derecho a la libre reunión y a la libertad de expresión, otros mantienen posiciones críticas por motivos religiosos o culturales.

Durante el recorrido de este año esa diversidad de opiniones también pudo observarse en las calles. Algunos comerciantes y transeúntes respondían con aplausos o saludos. Otros simplemente observaban el paso de la movilización sin intervenir.

La Policía Nacional acompañó la marcha durante todo el trayecto para resguardar la seguridad de los participantes y mantener el orden vehicular en las vías afectadas por el recorrido.

Más allá de la celebración

Especialistas en derechos humanos coinciden en que las marchas del orgullo cumplen una doble función. Por un lado, representan un espacio de encuentro y expresión para la comunidad LGBTIQ+. Por otro, buscan llamar la atención sobre problemas que continúan presentes, como la discriminación, el acoso y la violencia.

Para los participantes, caminar por las calles del Centro Histórico también significa ocupar un espacio público donde durante muchos años muchas personas prefirieron ocultar su identidad por temor al rechazo.

Un debate que continúa

Cuando la movilización llegó a la plaza San Francisco, la música dio paso a los discursos de representantes de colectivos y organizaciones participantes. Los mensajes coincidieron en un mismo pedido: construir una ciudad donde todas las personas puedan ejercer sus derechos sin temor a ser discriminadas.

Con el paso de las horas, las banderas comenzaron a desaparecer y el centro de Arequipa recuperó su ritmo habitual. Sin embargo, la discusión sobre igualdad, inclusión y respeto quedó nuevamente instalada en el espacio público. Como ocurre cada año, la Marcha del Orgullo terminó, pero el debate sobre los derechos de la población LGBTIQ+ continúa mucho después de que las calles vuelven a la normalidad.

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