La rotura de una tubería de conducción dejó sin agua a varios sectores del distrito y expuso las dificultades que enfrentan miles de vecinos. Un camión compactador quedó atrapado sobre el asfalto debilitado, complicando aún más las labores de reparación.
Durante tres días, abrir un caño en Paucarpata ha significado encontrarse con el mismo silencio: ni una sola gota de agua. Lo que inicialmente sería un corte programado por labores de mantenimiento terminó convirtiéndose en una emergencia que mantiene a miles de familias sin uno de los servicios más esenciales para la vida diaria.
La falta del recurso no solo ha paralizado las actividades domésticas. También ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de una población que hoy enfrenta largas jornadas sin poder cocinar, asearse, lavar ropa o utilizar con normalidad los servicios higiénicos. En varios sectores del distrito, la rutina quedó suspendida mientras la incertidumbre crece con el paso de las horas.
De un mantenimiento programado a una emergencia inesperada
El origen del problema se remonta a los trabajos de limpieza y mantenimiento que la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Arequipa (Sedapar S.A.) había programado en la planta de tratamiento. Sin embargo, durante el proceso ocurrió un hecho que complicó completamente el panorama: una tubería de conducción de diez pulgadas se rompió en la urbanización Cristo Rey.
La avería provocó una fuga que debilitó la estructura del pavimento. En cuestión de minutos, el asfalto cedió bajo el peso de una compactadora de residuos sólidos de la Municipalidad Distrital de Paucarpata, que terminó con las llantas atrapadas en el hundimiento.
La escena, captada por vecinos y difundida en redes sociales, se convirtió rápidamente en el símbolo de una emergencia que dejó de ser únicamente un problema técnico para convertirse en una crisis que afecta directamente a miles de ciudadanos.
Una ciudad que se detiene cuando falta el agua
Mientras los equipos técnicos trabajaban para reparar la tubería, la realidad era muy distinta dentro de las viviendas.
Sin agua, las tareas más simples se transformaron en verdaderos desafíos. Preparar los alimentos, asear a los niños, limpiar la casa o simplemente utilizar un baño se volvió casi imposible.
En numerosos hogares comenzaron a reutilizar el agua almacenada hasta agotarla por completo. Otros vecinos tuvieron que comprar bidones o desplazarse varios kilómetros para abastecerse, generando gastos que muchas familias no tenían previstos.
Los pequeños negocios tampoco escaparon a la emergencia. Restaurantes, bodegas, lavanderías y comercios que dependen del agua para atender al público vieron afectadas sus actividades, acumulando pérdidas económicas mientras esperaban el restablecimiento del servicio.
La molestia también creció entre los vecinos, quienes señalaron que la suspensión ya superó el tiempo inicialmente previsto y reclamaron mayor información sobre el avance de las reparaciones.
El camión atrapado retrasó los trabajos
A través del Comunicado N.° 034-2026, Sedapar S.A. informó que la tubería afectada abastece a los reservorios 17 y 18, responsables de distribuir agua potable a distintos sectores de Paucarpata.
La empresa explicó que el inicio de los trabajos de reparación también sufrió demoras debido a que la compactadora permaneció sobre el punto donde se produjo el colapso del pavimento.
Según detalló la entidad, las labores recién pudieron comenzar después de las 10:40 de la mañana, una vez que el vehículo fue retirado del lugar.
Tras culminar la reparación, Sedapar anunció que el servicio sería restablecido de manera progresiva, ya que los reservorios deben recuperar sus niveles antes de normalizar completamente el abastecimiento.
La paciencia de los vecinos comienza a agotarse
Aunque las reparaciones avanzan, la principal preocupación continúa siendo la misma: ¿cuándo volverá el agua?
Para miles de familias, tres días sin servicio representan mucho más que una incomodidad. Significan jornadas enteras adaptándose a condiciones precarias, modificando horarios, suspendiendo actividades laborales y enfrentando un problema que impacta directamente en la salud y la calidad de vida.
La emergencia también reabre el debate sobre el estado de la infraestructura de agua potable en Arequipa y la capacidad de respuesta frente a averías de gran magnitud. Los vecinos consideran que, además de resolver la actual contingencia, es necesario invertir en redes más seguras y en protocolos que permitan atender este tipo de situaciones con mayor rapidez.


